domingo, 17 de septiembre de 2017

¿CÓMO SERVIRLE LA MESA A LA “CIZAÑA”?

Los eximios representantes de la "cizaña"
¿CÓMO SERVIRLE LA MESA A LA “CIZAÑA”?

Popayán, 17 de septiembre de 2017

Quienes siguen pensando que la "revolución" se hace desde el gobierno o "desde arriba" (Estado heredado), no entienden que se puede y debe ganar ese espacio institucional para neutralizar a corruptos y guerreristas, pero que paralelamente hay mucho por hacer con la gente, construyendo las fuerzas sociales y políticas "desde abajo", para transformar de verdad el mundo, la vida, la sociedad, la naturaleza y el mismo pensamiento.

Por ello, no comprenden que en esta coyuntura tan especial, en donde han coincidido, el fin del conflicto armado y la crisis de la institucionalidad política tradicional, tenemos que unirnos para derrotar a corruptos y guerreristas con una propuesta que interprete lo que piensan las mayorías colombianas.

Y no hay que hacer mucho esfuerzo para entender que esas mayorías NO van a elegir un gobierno totalmente de izquierda para administrar y gestionar la consolidación del llamado "proceso de paz". Quien crea que eso es posible, significa que no está en contacto con la gente, que no logra compenetrarse con esas mayorías.

Ya sea por ignorancia o manipulación, esas mayorías no diferencian mucho a las izquierdas (armadas y desarmadas), creen que todas están conectadas y que son parte de lo mismo. Y por ello piensan que "no van a poner al gato a cuidar el queso".

Si no se entiende esa situación, si los sectores democráticos y de izquierda no logran asimilar esa verdad, le pondremos en bandeja el gobierno a Vargas Lleras, que como lo están demostrando los hechos, es quien va a unificar a toda la "cizaña".

Si no aprovechamos la oportunidad del 2018, no será ninguna tragedia. El mundo no se va a acabar, y quienes creemos en la organización de la gente "por abajo", seguiremos en la brega. Claro, en condiciones más difíciles, pero no hay de otra.


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lunes, 4 de septiembre de 2017

¡OPORTUNIDAD!… ¿LA SABREMOS APROVECHAR? (I PARTE)

Las clases sociales y su evolución en Colombia desde 1991

¡OPORTUNIDAD!… ¿LA SABREMOS APROVECHAR? (I PARTE)

Popayán, 4 de septiembre de 2017

“El hecho de que no podamos "conocer plenamente" la realidad no es, pues,  solo un signo de la limitación de nuestro conocimiento sino indicación de que la realidad misma es "incompleta", abierta, una actualización del proceso virtual subyacente del Devenir.”

Slavoj Zizek

A 100 años de la revolución de octubre de 1917, una mirada retrospectiva nos sirve de referente para analizar la evolución de nuestros propios y actuales procesos sociales y políticos. Nuevas lecturas, otras visiones, diferentes perspectivas, nos ilustran sobre ese acontecimiento y nos dan luces para reinterpretar nuestra realidad.

En la Rusia de finales de siglo XIX y principios del XX, el acelerado desarrollo del capitalismo creó una formidable y poderosa clase obrera y un proletariado industrial que irrumpió con una fuerza avasalladora en la vida semi-feudal y clerical de ese imperio dominado por el zarismo. Una entusiasta e instruida intelectualidad influida por ideas liberales, socialistas y comunistas se puso al frente de la revolución obrera y campesina que se llevó por delante a una débil burguesía que no estaba preparada para tamaño reto. La primera guerra mundial sirvió de marco épico y trágico para el triunfo de los insurrectos. Sin embargo, la cultura proletaria –internacionalista y colaborativa– no era todavía una construcción real y efectiva entre las masas obreras; era un sentimiento, algo instintivo, más que una posición consciente y práctica. El debate sobre la “guerra defensiva” y la “guerra inter-imperialista” que antecedió al acuerdo (“casi” una claudicación) entre rusos y alemanes en Brest-Litovsk, dejan ver que sólo muy pocos dirigentes bolcheviques tenían la suficiente claridad sobre el horizonte y la situación internacional de la lucha de clases. Las herencias y tradiciones nacionalistas, religiosas e individualistas, fuertemente ancladas entre los campesinos y pueblos sometidos por el imperio zarista, terminaron por imponerse (e incluso, hoy reviven con más fuerza como expresión de “raíces culturales”). Los intelectuales más consecuentes fueron derrotados y aislados del proceso, y una cúpula de funcionarios y burócratas se puso al frente del aparato estatal anulando y destruyendo las formas democráticas de poder obrero-campesino que se habían construido en los momentos de fervor revolucionario. El trabajo colectivo, el esfuerzo de los trabajadores y labriegos, el sacrificio libertario y la lucha nacionalista frente a los imperios occidentales, fueron insumos durante varias décadas para electrificar e industrializar el país, mejorar el nivel de vida de millones de personas, derrotar al fascismo alemán en la segunda guerra mundial y, durante un tiempo, alentar y estimular a los trabajadores y pueblos oprimidos del mundo en la búsqueda de una alternativa superior al capitalismo. Sin embargo, el impulso inicial se perdió y el capitalismo se filtró por los diversos tejidos de la sociedad y asumió nuevas formas en la vida de esa sociedad, no sin producir enormes tragedias y dolores en el alma de esos pueblos. Quedan las enseñanzas que siguen elaborándose con base en la evaluación de esa primera gesta triunfante de los trabajadores en esa región del planeta. Entre otras, las graves consecuencias de la deriva autoritaria que produjo millones de muertos y se convirtió en un fardo fatal para el ideario y la causa socialista y comunista. Un sueño justo de búsqueda de igualdad y equidad se convirtió por el camino en una “causa capturada” por una cúpula burocrática y militar; se pasó de un “zarismo blanco feudal”  a un “zarismo rojo socialista”, la lucha emancipadora de los trabajadores derivó hacia un nacionalismo ruso con prácticas imperiales presentado como “solidaridad proletaria”. Se intentó transformar “desde arriba” y “a la fuerza” a la sociedad usando un Estado “proletario”, que de proletario tenía muy poco y mucho de burocrático y policial. Ese aparato estatal se separó tanto de la sociedad que aspiraba transformar, que terminó ahogando lo fundamental y básico en el ser humano: la capacidad crítica, la creatividad, la invención, la innovación y la libertad. La supuesta revolución mató el espíritu revolucionario y se suicidó en su intento emancipatorio. Es real y verídico lo ocurrido, y además, se sigue repitiendo en otros ámbitos y regiones.  

Reflexionando sobre esa experiencia, intentaremos visualizar la evolución de las clases sociales y sectores de clase en Colombia desde 1991 hasta la fecha. En ese año se convocó una Asamblea Nacional Constituyente y se aprobó la nueva Constitución Política vigente, después de firmar acuerdos de paz con el M19 y otras guerrillas. Hoy siguen vigentes en la vida política colombiana muchos de los actores políticos que en esa fecha representaban a diversas clases y sectores de clase; esos actores han sufrido cambios a lo largo de este tiempo y hoy se encuentran frente a un nuevo “momento de oportunidad”. Es importante destacar que han aparecido nuevas formaciones sociales como la “burguesía emergente”, variada, multicolor y con orígenes en economías legales e ilegales, y los “profesionales precariados” (nuevo proletariado), que son jóvenes trabajadores citadinos de nueva generación, que se constituyen en actores sociales de primer nivel pero todavía sin representación política definida. Así mismo, los campesinos, pequeños y medianos productores, las comunidades indígenas y negras y las clases medias, también han ido evolucionando en todos los aspectos. En lo fundamental, el reto que tenemos es el mismo: derrotar a unas clases dominantes que le temen a la democracia, que en forma absoluta están al servicio y subordinadas a la burguesía financiera global, que han sido incapaces de resolver los problemas básicos y vitales de la población colombiana, que han profundizado la exclusión, la desigualdad, la pobreza y la injusticia social, y que en 2018, pueden sufrir su primera derrota histórica (parcial pero significativa) desde los tiempos de Gaitán.

Unas preguntas sirven para orientar éste balance y exposición. Ellas son:

¿Las fuerzas democráticas y sus expresiones políticas están preparadas para responder con asertividad y capacidad política al momento en que confluyen una serie de circunstancias especiales de carácter global, regional y nacional, tanto en lo económico, social, político y cultural? ¿Acaso la confluencia de la terminación del conflicto armado con las FARC, la crisis profunda de gobernabilidad, la descomposición moral de los partidos políticos tradicionales y de sus nuevas expresiones, la crisis del modelo de desarrollo productivo rentista y extractivista, la grave situación fiscal del Estado, y otras condiciones relacionadas con la justicia, salud, educación, medio ambiente, no son oportunidades para que las clases y sectores de clase subordinados y subalternos logren construir una nueva hegemonía social y política? ¿Podrán esas clases y sectores de clase construir un proyecto social, político y cultural de largo aliento, aprendiendo de las experiencias de países y pueblos vecinos en donde después de una década y media de gobiernos “progresistas” se notan las enormes limitaciones frente a los retos planteados? ¿Podrá el pueblo colombiano aprovechar la oportunidad para dar un salto cualitativo en el terreno de construir nuevas formas de participación democrática o las clases dominantes lograrán canalizar y cooptar a los representantes de esas clases sociales subalternas para mantener intacto su modelo económico de explotación monopólica y su régimen político injusto y excluyente?

El ascenso y triunfo de la burguesía transnacional   

En la Colombia de las últimas 3 décadas del siglo XX y los primeros 17 años del siglo XXI, unos pocos grupos económicos[1] en medio de su ascenso como clase dominante canalizaron importantes recursos del narcotráfico y se convirtieron en una burguesía transnacionalizada, íntimamente ligada a los conglomerados capitalistas de EE.UU. y Europa. La constitución de 1991 se constituyó en la oficialización de su triunfo sobre una débil burguesía industrial que nunca se atrevió a desafiar el poder de los terratenientes e impulsar una verdadera reforma agraria, y menos, nunca retaron al imperio estadounidense para desarrollar (o intentar hacerlo) una economía capitalista relativamente autónoma. El último representante político de esa burguesía industrial, Luis Carlos Galán Sarmiento, fue asesinado por una alianza entre la clase política tradicional y las mafias de narcotraficantes, pero su sacrificio fue utilizado por esa misma burguesía para consolidar su poder. En los años siguientes, esa burguesía transnacional se va a apoderar de las principales empresas creadas en la fase anterior, algunas de ellas estatales o semi-estatales, y las va a privatizar, destruir o compartir con el gran capital global. Casos como la Flota Gran Colombiana, Avianca, Coltejer, Bavaria, Banco Cafetero y otras instituciones financieras del gremio caficultor, son una muestra de esa acción. Solo sobrevivieron Ecopetrol y algunas empresas del sector eléctrico (ISA, ISAGEN) que están hoy en proceso de privatización y entrega al gran capital. Los grandes terratenientes dueños de las mejores tierras mutaron en grandes empresarios capitalistas de la caña de azúcar, ganadería, palma africana y otros productos, pero ante el incremento del conflicto armado interno, esa transformación se detuvo y, sólo ahora, en 2017, al calor del proceso de paz, los planes de inversión en el campo vuelven a tener en la mira a las amplias extensiones de tierra para que –en alianza con corporaciones capitalistas de todo el mundo– se impulse una nueva oleada de inversiones en lo que denominamos el segundo paquete neoliberal. La Orinoquía, el Chocó Bio-geográfico y otras ricas zonas del territorio colombiano están programadas para grandes proyectos agroindustriales, energéticos, gran-minería, turismo internacional y explotación de su formidable biodiversidad.

La burguesía transnacionalizada impuso su hegemonía sobre las demás clases y sectores de clase, ensanchó sus inversiones hacia Sudamérica, Centroamérica y los mismos EE.UU. y Europa, y puso a su servicio el aparato estatal que fue hábilmente reglamentado en la Constitución de 1991, adobándola con derechos fundamentales y normas garantistas y sociales en el papel, dejándole las manos libres a esa burguesía financiera para trazar la política monetaria, desregular la normatividad laboral, privatizar el sistema de seguridad social (salud y pensiones) y los servicios domiciliarios de las principales ciudades (telecomunicaciones, energía eléctrica, agua potable y aseo), y estimular la educación privada en detrimento de la educación pública a cargo del Estado. El mismo conflicto armado fue instrumentalizado a favor de sus intereses, desplazando y despejando de población indígena, afro-descendiente y mestiza amplios territorios con el impacto de la economía del narcotráfico y la minería ilegal, al calor de una guerra manipulada y controlada que servía de cobertura para sus planes estratégicos. Ahora, así como instrumentalizaron la guerra, manipulan la paz. Presentan los acuerdos con las guerrillas como bases jurídicas y legales para que se desarrollen supuestas aperturas democráticas pero sin tocar la esencia de su modelo económico y, mucho menos, la estructura excluyente de su Estado y régimen político.

En el proceso de consolidar su hegemonía, la burguesía transnacionalizada se encontró a principios del siglo XXI con un fenómeno político particular. Un importante sector de los campesinos ricos, recogiendo experiencias anteriores (“chulavitas”[2]), organizó una alianza político-militar, en parte, como reacción a las tropelías de carácter delincuencial que la guerrilla de las FARC desarrolló en ciertas regiones contra ellos, y en parte, como estrategia para apoderarse de nuevas tierras con base en el despojo de campesinos pobres. Esa acción se entroncó con la estrategia paramilitar que las mafias narcotraficantes organizaron en los  años 80s con los grandes terratenientes, que obtuvo el apoyo de sectores de la burguesía agraria especialmente ganadera y cafetera de regiones tradicionalmente conservadoras. La burguesía transnacionalizada, en acuerdo con grandes empresas estadounidenses como la Chiquita Brands, la Drummond, Coca-cola y otras, deciden apoyar dicha estrategia y de paso reprimir con violencia a sus trabajadores organizados en sindicatos. Fruto de ese proceso llega a la dirección del Estado Álvaro Uribe Vélez, quien se pone a la cabeza del gobierno durante 8 años a partir de 2002. Éste político logró maniobrar con cierta autonomía e independencia, cooptando parcialmente el aparato del Estado con la consigna de derrotar a las guerrillas por la vía armada y exterminar cualquier expresión política de izquierda. La “refundación del Estado”, la formación de un “Estado comunitario” y la centralización del poder en manos de una pequeña cúpula burocrática y mafiosa, estuvo en desarrollo durante esos 8 años. Amplió la cobertura de los “auxilios monetarios condicionados” (subsidios) para sectores sociales vulnerables (“familias en acción” y otros programas), construyendo un movimiento político clientelista y neo-populista mediante un trabajo frenético de contacto con la población a través de los “consejos comunitarios”. En esa dinámica se desencadena el despojo de tierras de millones de campesinos y la apropiación ilegal de numerosos e importantes baldíos en diversas regiones del territorio nacional. Sin embargo, los estrategas estadounidenses de la globalización se dan cuenta del peligro que representa un proyecto de ese tipo en la región que, así fuera liderado por un gobernante de derechas, podría derivar en una especie de nacional-socialismo que sería un mal ejemplo para otros países. Entonces, deciden –en coordinación con los sectores tradicionales de la oligarquía colombiana– retirarle el apoyo e impulsar más adelante el proceso de paz que está en desarrollo. Sin embargo, el monstruo que ayudaron a crear –que ha derivado hacia un proyecto político de claros ribetes neo-fascistas y neo-populistas– consigue mantener cierto poder, apoyándose en las fuerzas más reaccionarias del país, aglutinando a los terratenientes surgidos del despojo ilegal de tierras, a sectores de la burguesía emergente que se entronca con las expresiones más retrógradas del viejo conservatismo laureanista y, consigue jalonar a sectores sociales que desde posiciones nacionalistas estrechas logran estimular sentimientos racistas, homofóbicos y clericales. Éste proyecto “uribista” es similar  a lo que actualmente impulsa Trump en EE.UU., como reacción a la globalización neoliberal que afectó a “sociedades cerradas” que sufrieron el deterioro de sus privilegios tradicionales. También mantiene fuerza entre amplias capas de la población permeada por la economía del narcotráfico y la cultura “traqueta”[3].     

El fenómeno del “uribismo”, que derrotó en las elecciones del Plebiscito del 2 de octubre de 2016 a las “fuerzas de la paz”, adelantándose al “Brexit” inglés y a la elección de Trump, sólo se explica como la reacción de sectores sociales afectados por la globalización neoliberal que, en el caso de Colombia, son encabezados por la burguesía agraria conservadora, que a pesar de que tiene contradicciones con los intereses de la burguesía transnacionalizada y con el imperio estadounidense y europeo, no es capaz de aliarse con los pequeños y medianos productores para enfrentar esas políticas, sino que utiliza sus luchas para obtener subsidios y prebendas coyunturales del gobierno, sin poder ni querer trazarse una política progresiva frente a los grandes terratenientes, y prefiere, entonces, utilizar la lucha contra las guerrillas “izquierdistas” para fortalecer la capacidad de esas fuerzas obtusas y retrógradas en la disputa por el control del Estado. En esa tensión, la insurgencia armada en su proceso de degradación político y militar fue convertida en motivo y excusa para impulsar esa reacción rancia y atrasada (hoy, después del desarme de las FARC, se utiliza en remplazo la “amenaza castro-chavista). Su aspiración es impedir cualquier tipo de acuerdo en torno al tema de tierras y oponerse a la más mínima democratización del régimen político, por cuanto son conscientes que, una verdadera reforma política se puede convertir en una oportunidad y canal por donde se desencadene la acción de nuevas fuerzas sociales y políticas que puedan poner en peligro su poder monopólico sobre la tierra y su régimen político oligárquico y excluyente.

Esa contradicción política entre la burguesía transnacionalizada (imperial), por un lado, y por el otro, los grandes terratenientes y burguesía agraria, está en proceso de transacción por la vía conservadora y reaccionaria. Una vez se logró la desmovilización y el desarme de las principales fuerzas guerrilleras como las FARC, los acuerdos firmados en La Habana en torno a la tierra, reforma política y justicia transicional, que aunque ya eran bastante limitados, están sufriendo recortes sustanciales para tranquilizar a los terratenientes e integrarlos al programa de inversiones que se ha trazado el gran capital en la fase de “post-conflicto”. El plan es garantizar algunos aspectos de los “acuerdos de paz” que faciliten la asimilación institucional de los activos más importantes de las FARC y, posteriormente, del ELN y otros grupos, pero blindar los privilegios de las clases dominantes y mantener su control político incólume.

Lo que se puede evidenciar en la actualidad es que el mantenimiento de las condiciones materiales que generan violencia estructural (legal e ilegal), como la economía del narcotráfico, el monopolio de la tierra fértil, la entrega ominosa de la riqueza nacional al gran capital transnacional, la exclusión política, el tratamiento violento y criminal de la resistencia popular a dichos planes (asesinato selectivo de dirigentes sociales), el recorte sistemático de las consultas populares y la consulta previa a las comunidades indígenas y afros, todo ello y mucho más, impide la consolidación de una verdadera paz y crea las condiciones para que los territorios desocupados por las guerrillas y otros territorios, se conviertan en escenario de nuevas guerras, más sordas y sórdidas, más degradantes y descompuestas, que en gran medida, ya se viven en regiones como Urabá, Costa Caribe, Antioquia, Chocó, Nariño y la Costa Caucana.

Próxima entrega: La burguesía burocrática y su papel frente a las clases subalternas

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado




[1] A lo largo de la historia de Colombia, los grupos económicos han tenido gran importancia para la economía nacional. Éstos han logrado importantes desarrollos en diversos sectores de la economía que los han llevado a ser protagonistas de la historia del país. En la década de los años 80s ya se habían formado los principales que fueron descritos por Julio Silva Colmenares en su clásico libro “Los verdaderos dueños del país: oligarquía y monopolios en Colombia” (1977). Los principales son: Organización Ardilla Lulle, Grupo Santo Domingo, Grupo Luis Carlos Sarmiento Angulo y Sindicato Antioqueño (Argos, Nutresa y Sura). Hoy con la presencia de transnacionales estadounidenses, españolas, mexicanas y chilenas, esa situación ha variado pero esos grupos se mantienen. (Nota del Autor).  

[2] Chulavitas: epíteto utilizado para denominar las bandas armadas de origen campesino en Colombia que existieron durante los primeros años de la Violencia, conformado por gentes del campo procedentes de la vereda Chulavita del municipio de Boavita en el departamento de Boyacá, reclutados rápidamente en enclaves conservadores del nororiente del departamento de Boyacá, para defender al gobierno conservador del presidente Mariano Ospina Pérez, con el objetivo de restablecer el orden en Bogotá, la cual estaba sumida en el caos, el pillaje y la violencia callejera debido al Bogotazo, que fue una manifestación espontánea de una turba enfurecida tras la muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. Los Chulavitas cumplieron su misión con eficacia, aunque con exceso de fuerza; luego fueron usados como contrapeso a las guerrillas liberales denominadas también como los “cachiporros”, estacionadas en los Llanos Orientales, razón por la cual algunos historiadores los definen como la semilla del conflicto armado en Colombia. Además de los Chulavitas, surgieron los llamados Pájaros, asesinos a sueldo, muchas veces patrocinados por terratenientes o gente del poder, también para eliminar opositores políticos.

[3] Cultura “traqueta”: En los últimos veinte años se consolidó en Colombia una cultura que puede ser denominada como traqueta, un término procedente del lenguaje que utilizan los sicarios del narcotráfico y del paramilitarismo. Ver: “La formación de una cultura traqueta en Colombia”, Román Vega Cantor. 

martes, 29 de agosto de 2017

LA CRISIS DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL VACIAMIENTO DE LA DEMOCRACIA

LA CRISIS DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL VACIAMIENTO DE LA DEMOCRACIA

Popayán, 29 de agosto de 2017

En Colombia se está presentando una avalancha de candidatos presidenciales que se van a inscribir por firmas, sin el respaldo directo de un partido político. Entre ellos, están candidatos no comprometidos con escándalos de corrupción como Gustavo Petro y Sergio Fajardo, pero a su lado, se han colocado políticos muy cuestionados como el ex-vicepresidente Germán Vargas Lleras y el ex-procurador Alejandro Ordóñez.

En Colombia se aprobó en la Constitución Política de 1991, una modalidad para que cualquier persona que no tuviera un partido organizado pudiera recoger un número determinado de firmas que representara la voluntad de un “grupo significativo de ciudadanos” para competir por un cargo de elección popular. Sin embargo, dicho mecanismo no ha sido bien reglamentado y hoy está siendo usado de forma oportunista.

En total se han lanzado a recolectar firmas 9 candidatos que tienen posibilidad de presentarse por uno o varios partidos políticos[1], y ya hay, además, 16 personas inscritas, algunas muy poco conocidas, que quieren postularse de esa forma. Los políticos con experiencia y estructura política han escogido este sistema por las siguientes razones:

-   Se presentan como candidatos “ciudadanos” tratando de quitarse la carga y mala fama de los partidos políticos. Las organizaciones partidistas tienen un enorme desprestigio entre la opinión pública.

-      Pueden iniciar a hacer campaña electoral desde ahora –con 6 meses de ventaja– a diferencia de si se inscribieran por un partido político. Formalmente las campañas arrancan 4 meses antes de la elección, es decir, en enero de 2018.

-  Esquivan las normas que regulan la financiación de las campañas electorales, realizando importantes inversiones económicas en esta especie de pre-campaña, que no cuenta con los controles establecidos por el Consejo Nacional Electoral.

-     Pueden obtener, después de su inscripción por firmas, el apoyo de partidos organizados, burlando de esa manera la norma y realizando una combinación entre ambos sistemas. Es una forma de evadir responsabilidades y de burlar las normas relacionadas con el “transfuguismo”, que impiden que candidatos al poder legislativo apoyen un candidato presidencial de otro partido.   

Crisis de los partidos políticos

Estamos frente a un fenómeno real de crisis de los partidos políticos, tanto de izquierda como de derecha. Es un fenómeno mundial. Se corresponde y se explica por lo que algunos estudiosos denominan el “vaciamiento de la democracia”[2]. Es evidente que los gobiernos y parlamentos cada vez están más supeditados y subordinados al Poder Real de la Banca (burguesía financiera), como se comprobó en la crisis de los Estados europeos (2008-9), Grecia, Islandia, Italia, España, y lo que ocurre actualmente en EE.UU. Ante la pérdida de credibilidad de los partidos políticos se eligieron candidatos carismáticos. Por ello, el auge de los personalismos y mesianismos en la política actual. Hugo Chávez, Lula, Correa, los Kirchner y Evo Morales surgieron de esa forma. Ahora, en el mundo desarrollado se han impuesto los Trump y los Macron.

Sobre el tema existen algunos desarrollos teóricos. Están los aportes de Chantal Mouffe y Ernesto Laclau, sobre la Democracia Radical y el “nuevo populismo”, pero su implementación práctica está lejos del ideal planteado por esos autores (Podemos, Syriza, los “progresismos latinoamericanos”). Por otro lado, están los esfuerzos llamados “autonomistas” (zapatistas de Chiapas y los kurdos de Rojava), que plantean construir formas de autogobiernos surgidos “desde abajo” con una filosofía de servicio comunitario (“mandar obedeciendo”) pero se aíslan total y voluntariamente del manejo de los Estados existentes. Ese es uno de sus limitantes prácticos, por cuanto, el gran capital mantiene todo su poder, e incluso, aísla y desgasta esas experiencias e intentos alternativos, reduciendo su alcance e impacto político a regiones limitadas.

Las nuevas ideas que van surgiendo –con diversas variantes– es construir nuevas formas de organización política, que combinen la formación “de abajo” con la lucha por direccionar el Estado “heredado” pero tratando de que los mejores cuadros dirigentes no se involucren en la “administración” del Estado colonial y capitalista. Se intenta mantener la fuerza política, el control sobre la organización –ético, político e ideológico– en un escenario alejado del establecimiento oficial. Se procura fortalecer movimientos y partidos que orienten desde múltiples y entramadas redes sociales y comunicacionales a las organizaciones de base, para impulsar y sostener todo un proceso de transformación cultural, económica, social y política, que no se puede hacer de un día para otro y que debe hacerse cuidándose de la “cooptación burocrática”.

El ideal es que esos movimientos y partidos sean verdaderamente democráticos en su estructura y funcionamiento. Boaventura De Souza Santos, de Portugal, es uno de los teóricos más avanzados en esa dirección, al igual que Decio Machado, que tiene interesantes y sesudos análisis a partir de las experiencias de América Latina, y particularmente de Ecuador. También está Jesús Sánchez, que desde España hace sus aportes. No obstante, tanto en lo teórico como en lo práctico falta mucho por avanzar.

Los partidos de la vieja izquierda o izquierda tradicional (en todas sus variantes leninistas, estalinistas, maoístas, trotskistas, etc.) son organizaciones muy centralizadas y, ello, explica su debilidad y su tendencia a dejarse permear por el poder burocrático. Lo importante es apoyarse en todas las experiencias y hacer esfuerzos serios por superar lo que se puede llamar la “crisis de la política”, tal cual como la conocemos. Hay que inventar y crear a partir de profundas y sinceras evaluaciones críticas.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado



[1] Esos candidatos son: Clara López (ex-Polo), Piedad Córdoba (ex–liberal), Juan Carlos Pinzón (ex–La “U”), Germán Vargas Lleras (ex–Cambio Radical), Sergio Fajardo (ex-ASI y ex-Verde), Gustavo Petro (ex–Polo, Progresistas), Carlos Caicedo (ex–liberal), Alejandro Ordoñez (ex –conservador), y muy seguramente Humberto de La Calle, utilice ese mecanismo. 
  
[2] Han trabajado el tema Franz Hinkelammert, Juan Carlos Monedero, Clemente Ferrer Roselló y otros pensadores.

viernes, 25 de agosto de 2017

LA DEBILIDAD DE SANTOS Y LA TAREA CENTRAL

LA DEBILIDAD DE SANTOS Y LA TAREA CENTRAL

Popayán, 25 de agosto de 2017

La agenda del gobierno para el último año quedó en manos de Cambio Radical y sus aliados (politiqueros corruptos y el Centro Democrático).

Tienen al presidente de la Cámara de Representantes y –de ladito– el de Senado (un conservador que se arrima siempre a la mermelada), que sabotean de hecho los tibios y vacilantes proyectos del gobierno (reforma política, JEP, tierras, etc.).

Su principal ficha es el Fiscal General, que intenta imponer su propia dinámica. El destape manipulado y a cuenta gotas de la corrupción político-administrativa-judicial, le sirve para posicionarse mediáticamente para debilitar y sabotear la  implementación de los acuerdos con las FARC (cuestionó la JEP, la entrega de armas y, ahora, el reporte de bienes que entregan las FARC).

Pero en las Cortes también tienen sus agentes, y tratan de quitarle la base jurídica a esos acuerdos de fin del conflicto.

Quieren llevar a las FARC y a los demócratas comprometidos con el proceso de paz a una sin salida y, entonces, inducir desde diferentes ámbitos, la propuesta de una Asamblea Constituyente. Es una trampa.

Todas las encuestas indican que la UNIÓN de los demócratas alrededor de la lucha contra la corrupción y el cumplimiento de los acuerdos de fin de conflicto, garantizan el triunfo electoral en 2018.

Y si se hace bien esa unidad, alrededor de un programa realista y viable, y una perspectiva de varios períodos presidenciales, el triunfo puede lograrse en la primera vuelta. Hay que ir a la fija.

Por ello, no hay que dejarse distraer. Las fuerzas de la “alianza anti-corrupción” son las que pueden dinamizar esa UNIDAD, hacer un “pacto político” frente a la estrategia de los corruptos y de los guerreristas, y no desgastarse ni perder el rumbo.

Santos debe reconocer sus errores y su debilidad. Debe jugársela proponiendo una Ley Habilitante que sirva de cobertura para blindar provisionalmente los acuerdos y presionar en el Congreso la definición de posiciones.

De esa manera, se aclara el camino político y la Nación se puede concentrar en los problemas de fondo que tenemos al frente: modelo y aparato productivo, defensa del medio ambiente, reformas estructurales en educación y salud, rediseño del Estado y otras.

Lo que se ha demostrado es que es imposible reformar el Estado y derrotar a los corruptos y guerreristas, mientras ellos tengan el poder. Para poder hacerlo, hay que sacarlos primero del gobierno y del Estado.

Y eso se puede empezar a hacer en marzo y mayo de 2018. La tarea central es, entonces, construir esa unión de los demócratas. No hay otra tarea más importante. Y es urgente.


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lunes, 21 de agosto de 2017

VISUALIZANDO NUEVAS IDEAS Y RUTAS SOÑADAS

Sócrates, Cristo, Marx, Freud, Gandhi y Rosa Luxemburgo
VISUALIZANDO NUEVAS IDEAS Y RUTAS

Popayán, 21 de agosto de 2017

Las falsas revoluciones de principios del siglo XXI, llamados “procesos de cambio” encabezados por los movimientos de la izquierda-progresista, que representaban los intereses de las burguesías emergentes y de la pequeña burguesía en proceso de empobrecimiento, no lograron apoyarse realmente en los trabajadores y el pueblo y, por el contrario, le apagaron su fuego transformador. Por eso, están agotadas. Son historia.

Las verdaderas revoluciones del siglo XXI, serán torrentes de energía liberadora encabezados por los Nuevos Trabajadores, Precariado o Proletariado del Siglo XXI (“profesionales precariados”) que están en proceso de transformarse en “Prosumidores” (productores y consumidores, a la vez), que al igual que los trabajadores del siglo XIX, no tienen nada que perder sino un mundo nuevo que ganar.

La juventud recuperará y desarrollará el pensamiento de Platón-Sócrates, Cristo, Buda, Lao Tsé, Galileo, Marx, Freud, Rosa Luxemburgo, Gandhi y demás revolucionarios/as del mundo entero y le quitará las costras deterministas que les labraron el tiempo y las lecturas equivocadas posteriores.

Y posiblemente impulsarán:

- Una "espiritualidad terrenal" de nuevo tipo en donde se fundirán la razón, la emoción y el sentimiento;

- Una fusión del pensamiento mágico con las ciencias de la complejidad;

- El reconocimiento de la naturaleza como base de la realización humana;

- El “Común Colaborativo” para una nueva economía anti-estatista y anti-privatizadora.

- La combinación de técnicas ancestrales comunitarias con lo más avanzado de la tecnología y la inteligencia “artificial”;

- Una nueva narrativa en donde la palabra se fusionará con la imagen y el sonido.

Y no prometerán paraísos terrenales ni se apoyarán en salvadores supremos. ¡No los necesitarán...!

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Para la coyuntura actual en Colombia, planteamos los siguientes temas de acción:

1. Lucha contra la corrupción priorizando la organización de la gente (“control social con dientes”).

2. Recuperación y desarrollo del aparato productivo con creatividad y apertura mental.  

3. Defensa del medio ambiente sin caer en fundamentalismos anti-extractivistas.

4. Transformaciones serias y graduales en los sistemas de salud y educación.

5. Defensa y revitalización de los territorios frente al despojo capitalista.

Esta visión y propuesta siempre estará en permanente revisión y desarrollo, y esperamos, sea acogida y apropiada por todos aquellos que estén dispuestos a explorar.


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domingo, 20 de agosto de 2017

ESQUIZOFRENIA PARA IMPONER ASAMBLEA CONSTITUYENTE

ESQUIZOFRENIA PARA IMPONER ASAMBLEA CONSTITUYENTE

Popayán, 20 de agosto de 2017

"Para el esquizofrénico, no se trata tanto entonces de recuperar el sentido como de destruir la palabra, conjurar el afecto o transformar la pasión dolorosa del cuerpo en acción triunfante, la obediencia en orden, siempre en esta profundidad bajo la superficie reventada."

Gilles Deleuze

En Colombia, como la oligarquía no ha podido manipular la lucha contra la corrupción, la estrategia del Fiscal General (Cambio Radical) es tratar de enlodar a todo el mundo, hacer creer que no hay límites para los corruptos, que es imposible derrotarlos. Quieren llevar a la sociedad a un estado de esquizofrenia.

Para desesperar a los ingenuos que creen que las leyes cambian la realidad, han bloqueado en el Congreso la muy limitada Reforma Política presentada por el gobierno como fruto de los acuerdos con las FARC. Todo apunta a que la unión entre el Centro Democrático y Cambio Radical nos quieren conducir hacia una Asamblea Nacional Constituyente.

No hay que caer en esa trampa. Primero hay que derrotar a la "patota corrupta" en las elecciones presidenciales de 2018, sacarlos de la Presidencia de la República, y después, con base en una nueva correlación de fuerzas, el nuevo gobierno -con paciencia y prudencia- podría convocar una ANC.

Hay que impedir que el desespero de los corruptos, que no saben cómo afrontar su crisis de credibilidad, nos manipule con salidas falsas y nos conduzcan a una nueva trampa.

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Vivimos hoy en Colombia en medio de paradojas...

1. Un Fiscal General nombrado para "tapar la olla podrida", la destapa -poco a poco- para mermar la presión. Y no huele bien.

2. Un Presidente y premio Nobel de la paz, con maña y por debajo de la mesa, alienta la guerra en Venezuela. Y no le da verguenza.

3. Un ex-presidente que decía detestar a la oligarquía bogotana, se va uniendo con lo más detestable de ella: Andrés Pastrana y Germán Vargas Lleras.

4. Una oligarquía que se las pica de tener la "democracia más antigua del continente" no acepta que ella es la más criminal y corrupta del mundo.

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Nota especial para el Fiscal General recogiendo ideas de mi amigo J. L. Mejía.

Al fiscal Néstor Humberto Martínez Neira le toca aparentar lo que toda la vida ha aparentado, ser un hombre "honorable" y "profesional".

Martinez es un 'parvenu' y esta haciendo méritos para que lo consideren un notable "bona fide". Pero no la tiene fácil, hoy camina por el filo de la navaja.

"Echa carroña a las fieras" (Bula, Ñoño, Moreno, Bustos) para ocultar a los verdaderos corruptos, los "cacaos" de la oligarquía transnacional (Sarmiento Angulo y cia.).


"Parvenu": Advenedizo - "Bona fide": Auténtico

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jueves, 17 de agosto de 2017

¡YA VIENE…! ¡YA VIENE…! EL LOBO IMPERIAL

Donald Trump, Lilian Tintori, Mike Pence y Marco Rubio 
¡YA VIENE…! ¡YA VIENE…! EL LOBO IMPERIAL

Popayán, 16 de agosto de 2017

“La revolución es como Saturno, se come a sus propios hijos”.

Algunos analistas han pronosticando la caída inminente de Maduro casi desde que asumió el gobierno. La verdad es que se han equivocado de cabo a rabo y, además, no evalúan por qué sus anuncios no se han cumplido. Ni siquiera se excusan o rectifican.

El gobierno bolivariano también ha jugado con el pronóstico de la intervención armada imperial. Desde los tiempos del golpe de 2002 se ha utilizado ese recurso para estimular el sentimiento nacionalista y buscar una solidaridad de cuerpo. Chávez usó esa táctica varias veces con Uribe, usando su histrionismo con buenos resultados mediáticos.

Igual, los agoreros de la geopolítica global han insistido, desde siempre, en que el gobierno de los EE.UU. puede en cualquier momento invadir a Venezuela, que para eso están las 7 bases militares gringas en Colombia. Y que puede hacerlo a discreción. Su argumento es poner de ejemplo lo ocurrido en Chile y Nicaragua, Libia y Siria.

Sin embargo cada caso es particular y no se puede generalizar. Se debe revisar el país, el entorno, el momento, la oportunidad, las circunstancias internas y externas; todo debe ser analizado para poder tener una idea más fundamentada.

Comparaciones pertinentes

En términos generales y sintéticos nos atrevemos a hacer algunas comparaciones:

Es cierto, por ejemplo, que el ascenso de un gobierno nacionalista en Chile en 1970, en plena “guerra fría”, con una Cuba invencible que se hizo aliada de la URSS, en pleno auge de sentimientos anti-imperialistas en América Latina, era un reto para los EE.UU.

Sin embargo, en Chile el ejército era controlado por coroneles y generales fascistas. Además, el presidente Allende nombró como jefe a su verdugo. El gobierno de los EE.UU. a través de la CIA complotaba con la burguesía, bloquearon la economía y autorizaron el golpe. Hacía parte de su política para América Latina, el Plan Cóndor.

En Nicaragua triunfó la insurrección armada del FSLN. La estrategia imperial tuvo en cuenta el fracaso en Cuba y Vietnam. No hubo intervención directa. La guerra paramilitar utilizó la complicidad de gobiernos vecinos pero al final fue derrotada. Después, la dirigencia sandinista jugó inteligentemente con las elecciones, permitió la elección y el gobierno de Violeta Chamorro pero conservó el poder, ejército y burocracia. Y allí sigue, a pesar de todo.

En Libia, la OTAN tuvo la colaboración de la población de una importante región del país (Bengazi). Ese país siempre estuvo dividido por confrontaciones tribales que fueron estimuladas desde afuera. Las potencias globales –estadounidenses, europeas, rusas y chinas– con intereses en ese país y en la región, en 2011 estaban temerosas frente a la influencia creciente en todo el mundo árabe de las sublevaciones populares de Túnez y Egipto. China y Rusia no vetaron la “intervención humanitaria” en la ONU. Kadaffi era incómodo para todos, fue sacrificado y su país desmembrado. EE.UU. y la OTAN no colocaron un solo soldado en ese territorio, todo lo hicieron con mercenarios “yihadistas”, alta tecnología, ataques aéreos y drones inteligentes.

Y en Siria, la situación es mucho más compleja. Es un lugar estratégico en la guerra geopolítica del mundo. Todos los intereses se concentran allí y todos los caminos se cruzan por su territorio. En Siria existían contradicciones internas muy fuertes entre chiíes y suníes, árabes y kurdos, islamistas y cristianos, laicos y religiosos, amplios sectores populares y un gobierno autoritario. Y sin embargo, Al Assad no ha caído y la guerra se ha ralentizado porque a todos les conviene. Y es claro, Venezuela puede verse involucrada en una situación similar si tenemos en cuenta sus inmensas riquezas y situación estratégica, pero… ¡No todavía!

Las particularidades de Venezuela

En Venezuela existe un pueblo libertario y anti-imperialista, y no es de ahora. La clase dominante fue obligada por el pueblo patriota a nacionalizar la industria petrolera a mediados del siglo pasado (XX). El ejército está fuertemente unido a la cúpula burocrática que está al frente del gobierno, más que por ideología los militares están atados por intereses económicos de coroneles y generales que participan de la dirección de industrias estratégicas, son parte fundamental del partido político (PSUV) que creó el presidente Chávez y muchos de ellos son gobernadores de provincias. Además, a pesar que la población venezolana tiene algunas diferencias de identidad regional e idiosincrasias particulares, en occidente (Táchira y Zulia), centro (Caracas), oriente (Guyana) y sur (Llanos y Amazonía), el espíritu de unidad nacional se impone y no ha surgido, hasta ahora, un movimiento separatista con fuerza y capacidad para ser usado como “cabeza de playa” por fuerzas externas (es un peligro potencial en occidente, pero no inminente). Y, los gobiernos y pueblos de la región rechazan cualquier intervención militar extranjera como lo comprueba la reacción ante los “torpes” anuncios de Trump.

Eso lo sabe el imperio USA. Las amenazas de Trump pueden ser torpezas pero, también,  puede ser una forma de mantener a Maduro atado al poder. Es posible que –a pesar de todo– los grandes capitalistas estadounidenses, por ahora, no estén interesados en un conflicto de marca mayor y, mientras tengan el abastecimiento de petróleo, pueden jugar a largo plazo. Dentro de esa lógica, la oposición golpista interna sólo sería un factor de desestabilización para un gobierno que entre más débil y corrupto, más le sirve a los intereses del capital global. En esa dinámica, los “fuegos artificiales” de Trump solo serían “cantos de sirena” para tener a los Marcos Rubios y a las Ileanas Ross de su lado en el Congreso estadounidense. O sea, bulla para la tribuna mientras sus agentes de negocios obtienen grandes ganancias como pasó con los bonos venezolanos comprados a precio de remate por Goldman Sachs. El resultado es el mismo, arrodillar al gobierno que grita todos los días consignas anti-imperialistas pero paralelamente entrega la riqueza al gran capital a precio de feria.

La ANC, la lógica de supervivencia y el futuro

En cuanto a la respuesta de una parte del pueblo venezolano de otorgarle un apoyo relativo al gobierno de Maduro y a la ANC, parece tener cierta lógica. Un sector lo hace por autodefensa; otro, obligado por las circunstancias de necesidad de empleo o los subsidios gubernamentales; uno más, para castigar a la MUD y su violencia desenfrenada; y unos pocos, por sentimiento genuino de querer salvar la “revolución”.

Ello por cuanto la dirigencia de la MUD no ofrecía nada mejor. Los sectores críticos del chavismo tampoco han aglutinado una fuerza que ofrezca una salida viable. La reacción de mucha gente fue de supervivencia, miedo, rechazo a la violencia y a la intervención extranjera. Tiene su lógica y explicación plausible. Pero, de no resolverse a corto plazo la situación económica, si por el contrario, se agudizan negativamente las condiciones de existencia, la gente puede reventar. Además, si la cúpula burocrático-militar se extralimita en su represión contra los dirigentes de la oposición y de los disidentes, puede hacer crecer la rebelión popular y desencadenar nuevas y explosivas protestas.

Observamos cómo la ANC ha suplantado todos los poderes. Pero, ese organismo corporativo no es el efectivo poder, solo es una especie de “ventrílocuo” del “sexteto”. Ni siquiera hay debate al interior de la asamblea, ya no se guardan ni siquiera las formas, las órdenes de la cúpula burocrático-militar se convierten sin discusión en mandatos constitucionales, y los “poderes instituidos”, actúan de inmediato. Así destituyeron a la Fiscal, nombraron a Tarek “El Inquisidor”, y lanzan a diestra y siniestra decisiones judiciales y administrativas para mostrar quién manda en Venezuela. Quieren meter verdadero terror entre la población.

Las últimas acciones de la ANC y de los funcionarios del gobierno, dejan ver el espíritu de vindicta y de aplastamiento del “enemigo”. A pesar de que lo pretenden ocultar, se les nota el miedo a que el pueblo se dé cuenta de su debilidad y aislamiento. Así, por ese camino, el autoritarismo indigno y criminal va a ir asomando su terrible rostro. Maduro y Cabello quieren emular a Robespierre. ¡La suerte está echada!  


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martes, 15 de agosto de 2017

TEMÍSTOCLES Y VARGAS LLERAS: YO TE ENCUBRO, TU ME APOYAS

Maquinando los chanchullos
TEMÍSTOCLES Y VARGAS LLERAS: YO TE ENCUBRO, TU ME APOYAS

Popayán, 15 de agosto de 2017

Desde que se conoció en el Cauca que el ex-gobernador Temístocles Ortega Narváez va aspirar al Senado con el aval de Cambio Radical y cuenta con el apoyo del ex-vicepresidente Germán Vargas Lleras, se pudo entender el papel que este fogueado político ha jugado en relación a las investigaciones judiciales frustradas, detenidas o ralentizadas, que lo comprometen a él mismo y a otros gobernantes de la región.

Es conocido que Ortega Narváez fue el principal asesor del ex-gobernador Guillermo Alberto González Mosquera en el sonado caso de PROBOLSA, en donde se perdieron inicialmente más de 16.000 millones de pesos de la salud y de la educación. Desde noviembre de 2008 hasta la fecha, a pesar de que inicialmente la Procuraduría lo destituyó (http://bit.ly/2loKro5), González Mosquera ha logrado esquivar a la justicia.

Igual situación se ha presentado con el “desvío de dineros” del Instituto Departamental de Deportes INDEPORTES hacia la campaña electoral del actual gobernador Oscar Rodrigo Campo, hecho sucedido durante la administración de Ortega Narváez (http://bit.ly/2waBC6H), en donde la principal implicada, Ana Bolena García, exgerente de ese instituto, se ha quejado repetidamente que a pesar de tener pruebas concluyentes, la investigación no progresa en la Fiscalía y Corte Suprema (http://bit.ly/2ujb175).

Ahora, reventó el caso de corrupción que implica al alcalde de Popayán, Cesar Cristian Gómez Castro (http://bit.ly/2uzLM0e). De acuerdo a todos los entendidos, existen contundentes pruebas que comprometen al burgomaestre, pero como por arte de magia, de nuevo un funcionario del Cauca sale bien librado en el juicio que lo hubiera podido llevar a la cárcel. Pocos se explican por qué razón estos hechos suceden.

Paralelamente se ha conocido el imbricado nido de influencias políticas que existen en la Fiscalía General y en la misma Corte Suprema. Primero salió a relucir el papel del “fiscal anticorrupción”, Luis Gustavo Moreno, quien supuestamente era el encargado de impedir el avance de la investigación del caso de Indeportes (http://bit.ly/2ujb175), y simultáneamente se conoció sobre el enorme poder que ha acumulado el ex-magistrado Leonidas Bustos en esas instituciones de la justicia (http://bit.ly/2wMfIUY).

Pero lo que muy pocos conocían era la relación de amistad entre Temístocles Ortega y Leonidas Bustos, y que el ex-magistrado es también su apoderado en el caso de Indeportes (http://bit.ly/2uYb9F0). Sucede que todo este entramado de relaciones, amistades e intereses mutuos, tiene como telón de fondo que el actual Fiscal General, Néstor Humberto Martínez Neira, ha sido desde hace mucho tiempo la mano derecha de Germán Vargas Lleras, actual candidato a la presidencia y uno de los más serios aspirantes a ocupar el solio de Bolívar.

Es evidente que detrás de la impunidad que cobija a todos estos funcionarios implicados en graves casos de corrupción y robo de dineros públicos en el Cauca, está la mano de Ortega Narváez, quien ahora se muestra ante los caucanos en su verdadera naturaleza política. Después de haber pasado por la supuesta “independencia política” (Cambio y Democracia, 1992), el partido liberal y la Alianza Social Indígena, ahora viene a refugiarse en el partido político más comprometido en los últimos años con casos de corrupción y criminalidad, como es Cambio Radical (http://bit.ly/2ky0SLJ).

De esa manera hoy se están construyendo las lealtades políticas: “Yo te encubro, tú me apoyas”, es el lema de los políticos que utilizan la Rama Judicial para hacer política. ¡Es una verdadera desgracia!


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lunes, 14 de agosto de 2017

EL ACONTECIMIENTO DEMOCRÁTICO EN COLOMBIA

EL ACONTECIMIENTO DEMOCRÁTICO EN COLOMBIA

Popayán, 14 de agosto de 2017

“El acontecimiento es por sí mismo problemático y problematizante”.

Gilles Deleuze

Colombia –poco a poco– se acerca a un momento singular, a pesar de todo. Un Acontecimiento está en desarrollo.

Hechos visibles y comprobables

La guerra en lo fundamental ha sido superada, no hay marcha atrás. Su implementación tiene algunas dificultades que solo serán superadas por el triunfo de los demócratas en 2018.

La lucha contra la corrupción –a diferencia de otros países de la región– no ha podido ser manipulada por las derechas ni por el gobierno. Vamos hacia una Consulta Anti-corrupción que tiene que ser abordada por un amplio movimiento ciudadano.

Sobre la problemática de Venezuela –independientemente de la caracterización del régimen existente en ese país hermano– se impone el criterio de rechazar cualquier intervención militar del gobierno de los EE.UU. o de cualquier fuerza extranjera.

La lucha por la defensa de nuestros recursos naturales (agua, bosques, biodiversidad) se fortalece día a día. Nuevas consultas populares contra la mega-minería depredadora están en camino en municipios y regiones. Un nuevo modelo de desarrollo productivo se va configurando en la mente de la mayoría de los colombianos.

La ruta está despejada. Los corruptos se van alineando detrás de Uribe y Vargas Lleras de cara a las elecciones presidenciales de 2018, y los demócratas van fortaleciendo el bloque de quienes entienden que la paz solo se puede consolidar derrotando a los políticos clientelistas y corruptos.

El Acontecimiento Democrático está a la vista en Colombia. La unión de las fuerzas sanas de la Nación, es la tarea del momento.

Razones y perspectivas

El Acontecimiento sucede como resultado de la resolución de problemas reales y concretos; problemas que determinan su realización.

La fuerza política que está sintonizada con ese acontecimiento está en construcción. La alianza política entre Claudia López, Sergio Fajardo y Jorge Robledo tiene el reto de  construir un amplio movimiento ciudadano en la dinámica de impulsar y aprobar la Consulta Anti-corrupción. Será el antecedente feliz del Acontecimiento.   

Esas fuerzas políticas tienen claro que hay que darle continuidad al proceso de paz pero sin idealizarlo, conociendo sus limitaciones y también sus potencialidades. Saben que los actores degradados de la guerra no pueden ser los principales protagonistas de su consolidación aunque necesariamente deben ser parte de su concreción.

Las fuerzas políticas que pretendieron convertir el tema de la paz como plataforma política para un “gobierno de transición” deben aceptar que no pasaron la prueba. El 2 de octubre de 2016, se auto-derrotaron. Ahora, deben contribuir modestamente con el nuevo momento, con bajo perfil, sin triunfalismos, sin demagogia, “sin asustar”, asumiendo con ética y responsabilidad los resultados negativos del Plebiscito.

La forma de construir la Confluencia Democrática está visualizada y en desarrollo. Después de la consulta anti-corrupción hay que avanzar en las elecciones legislativas con listas unificadas para Senado y Cámaras, y realizar con éxito la Consulta Popular de marzo/2018 para escoger candidato único a la presidencia de la república.

Si otros candidatos como Gustavo Petro y Humberto de La Calle entienden la estrategia, harán todos los esfuerzos por coincidir con ésta dinámica, desmarcándose de los sectores políticos que cargan sobre sus hombros con tradiciones, esquemas ideológicos y compromisos políticos que los alejan de este esfuerzo cívico y ciudadano. Ya hay señales de que De la Calle se acerca a esa comprensión.

La participación masiva de la población, especialmente de nuevos sectores sociales, jóvenes y abstencionistas en los hechos políticos sobrevinientes, será fundamental para que de no lograrse la presencia en la consulta presidencial inter-partidista de los Progresistas y “liberales decentes”, se logren acuerdos posteriores con esos sectores políticos, siempre y cuando no desvirtúen la política y el programa que se haya construido durante este período.

Esas son las razones y perspectivas que sustentan el Acontecimiento Democrático en Colombia. Es evidente que si no acertamos, ese acontecimiento se puede frustrar y convertirse en su contrario, o sea, en un acontecimiento anti-democrático.

Un hecho de esa naturaleza pondría a la cabeza del Estado colombiano a las fuerzas guerreristas que, en las circunstancias actuales, son un peligro real para la paz interna de nuestro país y de toda la región. ¡Todo está en nuestras manos!


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martes, 8 de agosto de 2017

¿QUÉ HACER FRENTE A UN ESTADO FALLIDO?

¿QUÉ HACER FRENTE A UN ESTADO FALLIDO?

Popayán, 8 de agosto de 2017

Como se había previsto, la cúpula burocrático-militar que gobierna en Venezuela logró superar temporalmente la ofensiva desatada por la oposición liderada por la MUD. Usó para lograrlo, un “globo” llamado “asamblea nacional constituyente”, que no se comporta como asamblea, no es nacional y no constituye nada, como lo afirmó su Presidenta. El gobierno estaba desgastado y había que desviar el foco. Además, les urgía sacar a la Fiscal y mermar a la AN pero mantenerla en “salmuera”. En esa faena montaron una dictadura sui generis, “sin dictador individual”. La cúpula gobierna desde las sombras, colocando al frente a la ANC, al TSJ y la imagen de Maduro. ¡Es un verdadero circo!

Las consecuencias de este hecho se pueden sintetizar así:

-    El poder de la cúpula burocrático-militar se mostró abiertamente. La deriva autoritaria, que siempre estuvo presente en el proyecto bolivariano, “en germen”, “en hibernación”, brotó de una forma sui generis.

-   El gobierno no gobierna. El aparato burocrático actúa por inercia, está a la defensiva. Los dirigentes “chavistas” no tienen horizonte de ejecución gubernamental entre el pueblo; se agruparon en la ANC como refugiados en un “cuerpo extraño impersonal”. ¡Por 2 años!

-   La reacción de la burguesía financiera global a través de gobiernos “democráticos” –tan autoritarios y más antidemocráticos que el “bolivariano”– arman alharaca para engañar a sus pueblos pero, con su actitud, refuerzan a la cúpula burocrática-militar en el poder.

-  La crisis teórica en la izquierda global se ahonda. Las diferencias que surgieron con ocasión de lo ocurrido en Libia, Egipto y Siria, se profundizan. Quienes veían en el “socialismo democrático” de Chávez la concreción de sus teorías, se ven obligados a revisar sus ideas, idealizaciones y proyecciones, y a confrontarlas con la realidad. 

El destape de la cúpula y del autoritarismo

La mayor parte del pueblo venezolano sabía que existía un gobierno en la sombra que llaman el “sexteto”. No es un secreto, es vox populi. Es más, muchas de sus decisiones –aún antes de ser consensuadas al interior del gobierno– son anunciadas en programas de televisión o son publicadas por twitter. Al estilo de los regaños “en directo” que Chávez profería a sus ministros o de las órdenes de expropiación que anunciaba en su programa “Aló Presidente”, ahora se presionó y chantajeó a funcionarios y beneficiarios de los programas sociales para obligarlos a votar por la ANC. Y también, para ordenar juicios, detenciones y destituciones. El verdadero poder detrás del trono, la cúpula burocrático-militar, mostró su rostro dictatorial. Solo que prefieren que actúen y se muestren rostros más frescos.

El gobierno no gobierna

La crisis actual hizo visible que el gobierno perdió el rumbo. Ya no hay iniciativa, no existen planes y programas hacia el futuro, el gobierno está a la defensiva. Los recursos económicos apenas alcanzan para lo rutinario. Tanto, frente a la crisis energética reciente como a la situación económica (desabastecimiento, escasez, carestía) o a la violencia desatada por la oposición, el gobierno declara el asueto general o recorta la jornada laboral de los funcionarios, y no pasa nada. El aparato estatal funciona a media marcha y por inercia, nadie cree en anuncios de políticas que ofrecen soluciones con “motores” que nunca arrancaron. La cúpula burocrático-militar está dedicada a sostenerse en el poder; la ANC es su ancla. El pueblo sobrevive a su manera, la diáspora venezolana se disparó, la incertidumbre y la represión son la constante. El desgobierno es total.   

El ataque externo: tabla de salvación

La reacción de los gobiernos que representan a un sector de la burguesía financiera global (“occidental”), USA, Europa y gobiernos oligárquicos de América Latina, por medio de la OEA y otros organismos, denuncian en forma hipócrita la “dictadura de Maduro”, amenazan con sanciones y se rasgan las vestiduras, pero su acción está dirigida a engañar a sus propios pueblos y a tapar la corrupción que los corroe por dentro. Además, al interior de esos países existen grupos extremistas que no esconden su interés de desestabilizar la región e impulsar una guerra de intervención abierta. Los Rubios y Uribes, no esconden sus intenciones. No obstante, las transnacionales capitalistas aprovechan la debilidad del gobierno para negociar en mejores condiciones nuevos contratos y empréstitos. Es una piñata en la que cada quien va por su premio.

Esos ataques le sirven a la cúpula burocrático-militar para engañar a sus bases “chavistas”, tanto internas como externas. El aura anti-imperialista, independentista y nacionalista que dejó el presidente Chávez es tan grande, generó tanta esperanza, ilusionó a millones de personas con el ideal “socialista”, que es muy difícil para quien no conoce al detalle la evolución del proyecto “bolivariano”, que pueda –de un momento a otro– despertar a la realidad. La “trama” burocrática y corrupta que con prácticas asistencialistas y paternalistas logró vender la imagen de “salvador supremo del pueblo”, se mantiene en el imaginario de mucha gente y es reforzado con la política injerencista del imperio y gobiernos vasallos. Es una retro-alimentación mutua. Entre más ataquen a Maduro desde afuera, más gente se aferra a lo que cree es “su gobierno”.   

La crisis teórica de la izquierda global

Son diversos los temas teóricos que la crisis política del gobierno venezolano ha puesto sobre la mesa de las izquierdas. Nunca como ahora los revolucionarios del mundo entero ven derrumbarse un proyecto popular en América Latina que había generado tantas expectativas libertarias. Hasta hace poco el debate era sobre el “fin del ciclo” o el “declive” de los gobiernos progresistas. Sin embargo, lo ocurrido con el Partido de los Trabajadores del Brasil, la derrota electoral en Argentina, la pérdida del referendo en Bolivia, la grotesca y temprana discordia entre el ex–presidente Correa y su “heredero” Lenin Moreno en Ecuador, y la deriva autoritaria del gobierno en Venezuela, están mostrando que existe un problema de fondo en los “procesos de cambio” de América Latina.

Asumir la actitud del avestruz, echándole la culpa a la política intervencionista del imperio, a la guerra económica del gran capital, a los complots geopolíticos de las potencias imperiales, o plantear que el “declive” es resultado de errores puntuales o de fallas individuales, no es la mejor actitud. Una cosa es rechazar la injerencia de poderes interesados en derrocar al gobierno “bolivariano” y, otra, es cerrar los ojos y no cuestionar el comportamiento de una cúpula burocrática y corrupta que le ha hecho un daño inmenso a la causa emancipadora de los trabajadores y de los pueblos del mundo. Pero además, existen problemas estructurales en toda nuestra lucha: el diseño estratégico, la narrativa ideológica y la práctica político-organizativa, están en discusión. Como dijo recientemente el filósofo comunista Alain Badiou: “Hay que revisar todo”.

¿Qué hacer?

No la tienen fácil los demócratas y los revolucionarios en Venezuela. El pueblo está a expensas del poder burocrático y militar. Quienes tienen cómo viajar a Miami o a Panamá, lo hacen de inmediato. Los jóvenes técnicos, tecnólogos y profesionales emigran a otros países en búsqueda de trabajo. Aquellas personas acostumbradas a la aventura, vendedores ambulantes, rebuscadores y jornaleros del campo y de la ciudad, sobreviven realizando oficios varios, o pasan las fronteras y regresan cuando pueden. Van y vienen. Los trabajadores del Estado y quienes dependen totalmente de los subsidios estatales lo único que pueden hacer es esperar. Las clases medias que no están dispuestas a irse, se ayudan unos a otros y se acomodan mientras pueden. Los vividores de las crisis, pequeños y medianos “bachaqueros” y los grandes comerciantes que tienen mentalidad de mafia, aprovechan las oportunidades que crea el desorden para esas economías ilegales. El pueblo acostumbrado a sufrir se siente un poco acompañado en la desgracia. La tarea de sobrevivir, hacer colas, resolver situaciones de emergencia, se ha convertido en la rutina diaria de cientos de miles de venezolanos.  

¿Qué le puede decir la política a la gente? La oposición quedó en sus restos. La disidencia “chavista” no es opción, por ahora. Muchos izquierdistas vacilan todavía frente a la posibilidad de recuperar lo que creen que era el proyecto revolucionario. A muchos también les da miedo. La idea de un supuesto “socialismo” todavía pesa en la cabeza de quienes hoy son críticos pero no encuentran la confianza y fuerza suficiente para actuar en política. Además, la misma acción política está bastante desprestigiada. Sólo quienes tienen el poder y pueden manejar una “clientela” desde un cargo estatal o “partidista”, tienen posibilidades reales de llegarle a la gente necesitada. De resto, se percibe un ambiente hostil, el activismo social es visto como un camino “trepador”.

¿Qué hacer? Desde la distancia y con respeto por lo que en el hermano país sucede, me atrevo a sugerir algunas ideas con base en lo que actualmente intentamos hacer en Colombia, igualmente polarizada entre Uribe y Santos, entre la guerra y la paz.  El primer paso es desmarcarse tanto de la MUD como del PSUV. Intentar construir sobre la marcha un “movimiento ciudadano de Salvación Nacional” conformado por todos los demócratas, sin  ningún distingo. Buscar personas con capacidad de liderazgo que no dependan del Estado o tengan autonomía para actuar, y plantearles la necesidad de organizarse en forma independiente para incidir en la vida pública frente al peligro de que Venezuela sea conducida a una confrontación mayor y a una intervención imperial.  

Hay que demostrarle a la gente que seguir con la polarización manipulada por minorías es el camino perfecto hacia una hecatombe nacional, mucho más grave y dramática que la que ya sufren. La lucha contra la corrupción es una de las tareas prioritarias, lucha que implica organizar a la población. Esa lucha debe integrarse a la de la sobrevivencia, llamando y organizando a sectores de clases medias verdaderamente demócratas y organizar campañas de solidaridad con los más pobres y necesitados, como una estrategia para romper barreras. Un movimiento de ese tipo, ciudadano, cívico, no polarizado, liderado por gente nueva, deslindada de la MUD y del gobierno, puede romper “talanqueras” y desencadenar cosas que uno no puede imaginar. Hay que aislar a los extremistas de ambos bandos, reivindicar el amor a Venezuela, la Unidad del Pueblo, la necesidad de verdadera Justicia, y recuperar para la gente la inmensa riqueza que se están robando.

Seguir en la dinámica de los partidos existentes, con retóricas divisionistas, “democráticas” o “socialistas”, que no le dicen nada a la gente, aspirando a administrar un “Estado fallido” que no tiene futuro, sin construir nuevas prácticas y referentes creíbles, puede ser algo muy desgastante. Es urgente y se requiere, principalmente, constituir un movimiento ético y moralizante que garantice por lo menos decencia, eficiencia, honradez y transparencia en el manejo de “lo público”, y que con nuevos liderazgos o apoyándose en personas que no tengan tacha ni “rabo de paja”, puede ir posicionando una narrativa de esperanza y –sobre todo– prepararse para responder ante la próxima crisis de gobernabilidad que inevitablemente se va a presentar en un tiempo que es imposible de calcular, pero que de todos modos llegará.

Postdata: La cúpula patriarcal “maduro-cabellista” está tan desgastada que tuvo que utilizar a una mujer (Delcy Rodríguez) para sacar a la Fiscal General (Luisa Ortega Díaz). Esas dos damas quedan posicionadas para protagonizar la próxima disputa por el gobierno. El gobierno tratará de alinearla con la MUD y, ella, seguramente, intentará construir una alternativa nueva y “no polarizada”. Para lograrlo, requiere mucha ayuda y una nueva mirada.      


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